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Tribuna del especialista
01 · Mayo de 2012
De la colección al museo: la Fundación La Fontana

Romà Escalas i Llimona. Investigador en musicología, intérprete y compositor, ha sido el instigador del Museu de la Música de Barcelona; institución que dirigió de 1981 a 2011. Actualmente es Secretario general del Institut d'Estudis Catalans. Asimismo, forma parte del consejo asesor de  la Fundación La Fontana.


La colección de instrumentos musicales de la Fundación La Fontana es el resultado de una actitud y de un posicionamiento cultural heredero de las raíces intelectuales más auténticas de la Renaixença, movimiento cultural catalán del siglo XIX que abrió nuevos caminos para la contemplación y el estudio de culturas lejanas y ajenas, en un afán de perfeccionamiento identitario, y ha promovido las principales iniciativas científicas de la Cataluña del siglo XX. En el caso que nos ocupa, vemos como una tradición familiar de coleccionismo, alimentada por nuevas generaciones, ha ido en auge hasta dar lugar a una de las colecciones de instrumentos musicales del mundo más importantes de Europa.

El interés por los instrumentos musicales nace de la necesidad de alcanzar un conocimiento más íntimo del hombre y, en definitiva, de nosotros mismos. El objeto —el instrumento musical—, nos remite a nuestra propia lucha por adaptar el ámbito natural del sonido. Haciéndolo nuestro, lo convertimos en potencia creadora, logrando así participar del proceso universal de dar continuidad al presente; un proceso íntimamente personal que ofrecemos a toda la especia y a las generaciones futuras. Este acto creador lo identificamos como "hacer música".

Para gestionar el sonido, el hombre primitivo empezó experimentando con la resonancia de espacios naturales como cuevas o ecos. Jugó a modularlo y a adaptarlo al parámetro del tiempo, creando ritmos a partir de la percusión del propio cuerpo o de la emisión de la voz y la palabra. Sin embargo, pronto descubrió herramientas que le permitieron ir más allá de estas posibilidades primeras: los objetos / instrumentos que, a modo de prolongación del cuerpo, le brindaron la oportunidad de multiplicar y diversificar todos estos recursos expresivos. Desde entonces, el instrumento musical cumple con la función de traductor y potenciador de la magia y la fuerza de la expresión compartida de los sentimientos. Su aparición ha evidenciado la necesidad y la capacidad de comunicar —más allá del habla— de los individuos de todas las culturas y civilizaciones.

La intuición y el instinto subyacentes en el coleccionismo instrumentos de culturas diversas manifiesta una sensibilidad por el hecho cultural que ha de completarse ahondando en los conocimientos que todos estos objetos pueden aportar. Este es el caso modélico de la Fundación La Fontana que, partiendo del coleccionismo privado, no ha renunciado a organizar sus fondos con rigor científico —clasificándolos y catalogándolos—, generando conocimiento e incrementando de este modo su valor patrimonial.

El rigor científico que acompaña la preservación de dichos fondos, se completa con un afán de conservación óptimo, adoptando procedimientos de climatización, presentación y difusión en medios y redes de información acordes con nuestros tiempos. Destacadas estas circunstancias, conviene resaltar que nos encontramos, pues, ante una colección que asume las recomendaciones en materia de museografía definidas por el Comité Internacional de Museos (ICOM). Así, estamos frente a un ejemplo real y actual de cómo una colección privada se convierte en Museo; un proceso que han seguido todas nuestras instituciones patrimoniales, públicas o privadas, antes de convertirse en museos. Pero no olvidemos que los objetivos alcanzados han sido siempre el fruto de la dedicación, la ilusión y el amor por el rigor y el trabajo bien hecho de personas, con nombre y apellido, que debemos considerar como referentes modélicos, partícipes y responsables del prestigio de nuestro presente cultural.

 

© Fundación La Fontana 2012